Primavera. Look-67. En la diana

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Hoy me he colocado esta camiseta-diana. No sabría decir de qué clase de punto está hecha, parece croché. Me recuerda a los cojines de croché que hacía mi abuela. Vista desde lejos parece que soy una diana andante, por delante y por detrás. Pero que nadie se equivoque, no estoy incitando al lanzamiento de dardos, todos quietos.

Me he colocado estos vaqueros estrechos pero con mucha campana, muy de los años 70, aunque son de ayer mismo, porque ayer estaban en la tienda y hoy en mi cuerpo serrano.

Viendo las fotos no he conseguido el aire setentero hippy que pretendía. Empecé poniéndome un chaleco vaquero, un cinturón con flecos y cuando me miré al espejo parecía que iba a una fiesta de disfraces, “paz y amor”.

Desde luego este look te transporta más a una caravana Flower Power que el vestido túnica del otro día.

Vamos de gira en la caravana, yo soy la solista y me acompañan Johnny el guitarrista, Lisa la que toca la pandereta y hace los coros y Peter el batería.

No es que seamos un grupo muy importante, pero tenemos hasta manager. Y dónde estamos de gira?, en Ibiza. No se si seguir por este camino, porque lo único que se me ocurre que pueden hacer esta panda de espíritus libres es emborracharse y flipar mucho. Ufff, aquí no se puede ya ni espirar, abriré una ventana.

Así que cambiando de tercio voy a rememorar mi visita a la isla pitiusa. Fue por el año 1998, por motivos de trabajo. En aquel entonces hacía trabajo de campo como Topógrafo, tenía que recorrerme la isla con el GPS buscando puntos geodésicos, esos cilindros de hormigón que están en los márgenes de las carreteras o en la parte más alta de las montañas.

Pues bien, fue una manera estupenda de conocer la isla. No me quedó rincón por visitar. También es verdad que la isla es bastante pequeñaja, cada día la recorría de punta a punta sin ninguna dificultad. Llegué a todos los cabos y los faros desde donde se podía observar un paisaje precioso. Más placentero habría sido estar de vacaciones, porque mientras yo me quedaba muy cerca de una cala, veía como los turistas bajaban por las piedras para tumbarse al sol sin que nadie los molestara. Mucha envidia era la que me daba.

Disfruté mucho, aunque no llegué a bañarme en ninguna playa. Un día fui al puerto a tomar algo y el espectáculo era tremendo. Un ambiente increíble, discotecas por todas partes, gente extravagante, gente normal, de todo. Desde mi punto de vista creo que es la isla más bonita de las Baleares.

Todo este jaleo contrastaba con los pueblecitos del interior. Increíble pero cierto, una isla tan pequeña y tenía bien diferenciadas las zonas de costa de las de interior. Contratamos a un chaval que vivía en un cortijo para que nos ayudara a cuidar los aparatos y resultó que el chaval no había salido nunca de su pueblo. Chaval, que vives en una isla, cuál es tu excusa?. Me quedé pasmada. En fin, hay gente para todo. Debió de quedarse encantando por haberle enseñado mundo. Ya el siguiente paso debió ser visitar otra isla y con mucho arrojo y valor, visitar la península. No se, no se, si el pobre finalmente se atrevió. Espero que si.

Y después de dejar Ibiza pensé que debía volver, pero esta vez como turista, para poder disfrutar de esas calas estupendas, del paisaje montañoso y de los acantilados. Y mira!, al final he vuelto, montada en una caravana Flower Power.

Toca algo Johnny.

 

Invierno. Look-47. Hippy

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Misma camisa y mismo chaleco que en el look parisina chic, pero en este ocasión los años 70 me han poseído. Han vuelto los hippies!!. Muchos collares, pantalones de campana, un chaleco, una gafas grandes, y ya estamos preparadas para montarnos en una caravana flower power.

caravana_flower_powerinvierno_look47_hippy_años70Desde luego las gafas tienen su tamaño, pero me gustan. Como ya sabéis, solo me las pongo por capricho, porque en absoluto me molesta el sol en los ojos. Y encima hoy estaba el día bastante gris. He visto un pequeño rayo de sol y eso ha sido suficiente para poder ponérmelas.

Como no tengo costumbre, siempre que llevo gafas de sol creo que voy totalmente de camuflaje, que nadie me puede conocer y que nadie me puede ver. Un efecto hombre invisible al instante. ¡Y luego nos reímos de los niños cuando se esconden detrás de sus manitas y piensan que no les vemos!. Los pobres no saben los poderes que tienen unas gafas de sol.

Tenía que haber posado con mi guitarra. No os emocionéis, que no se tocar la guitarra. Lo he intentado. He recibido clases en varias ocasiones, pero como no practico y no tengo constancia, no he progresado nada. La culpa de todo la tienen las películas americanas. Cualquier protagonista de turno toca la guitarra. Y yo no consigo poner los dedos en Fa. Maldito Fa, pero si los dedos no dan de si!. Yo creo que la guitarra no está hecha a una escala adecuada. La mano no llega a donde tiene que llegar, al menos no la mía. Qué coraje me da no saber tocar. Era la ocasión perfecta para poder cantar, acompañándome a mi misma.

Y qué se tocar?, pues la bandurria. Si, ríete, pero eso si que lo aprendí. Cuando estaba en quinto de EGB, llegó un señor al colegio y promocionó su academia.

A mi me pareció mucho más exótico tocar la bandurria que la guitarra. Todo el mundo tocaba la guitarra pero cuántos tocaban la bandurria?. Ahí fue donde metí la pata. Ahora podría grabar unos vídeos cantando y tocando para poder martirizaros. Me quedaré con las ganas.

Cuando el señor de la academia nombró la bandurria, yo me visualicé tocando la bandurria en una tuna, con mi capa, hondeando la bandera.

Hace un par de años, sentí añoranza por la bandurria. La mía había muerto hacía tiempo y decidí comprarme una de segunda mano. Dicho y hecho. Estuve un mes o así tocando los clavelitos, cielito lindo, compostelana y todas las típicas tuneras. Ahora duerme junto a la guitarra.

Ha quedado claro que lo mío no es la constancia. Bueno, podemos decir que soy constante en no serlo.