Invierno. Look-48. Sport y chic

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Después de ver muchos looks donde combinan los abrigos de paño con zapatillas, he decidido intentarlo.

Tenía el abrigo de paño, zapatillas blancas, sudadera, gafas de sol sesenteras y un bolso de mano grande. Y este es el look que me he montado. Nunca consigo estar tan fashion como las blogueras de moda, pero estoy satisfecha con el resultado.

Una vecina al verme me ha dicho que iba muy juvenil, y ya con ese comentario me quedo tan contenta.

Os tengo que contar lo que me ha pasado hoy, bueno, cuando lo leáis será ayer, pero eso no tiene importancia.

He empezado un curso de diseño gráfico y estoy muy contenta. No solo por el curso, sino porque me siento de nuevo estudiante. Iba con mi cuaderno debajo del brazo, al estilo colegiala o al estilo párroco y mentalmente tenía como 20 años menos. Lo que siempre he querido, ser joven pero con la experiencia que tengo ahora.

He cogido apuntes y tengo deberes. Me encanta!, siempre me ha gustado ser alumna. A esto hay que sumarle que en uno de los descansos, un compañero me ha dicho que pensaba que tenía veintitantos años. No lo he podido evitar y me ha salido una carcajada de las grandes. Se ha pasado tres pueblos. Yo creo que lo ha dicho por no meter la pata. Siempre es mejor quedarse corto en estos casos que pasarse. Pero me ha alegrado un montón. Vaya tontería, por qué nos gustará tanto que nos echen menos años?. Yo creo que el cuaderno debajo del brazo me ha transformado por dentro y por fuera. Bendito cuaderno milagroso!. (Nota: Tengo 42).

Además en este curso me siento como pez en el agua. ¡Cómo echaba de menos coger un ratón!. De ordenador, se entiende. Desde que engroso las listas del paro, no había cogido uno. Con el portátil utilizo la yema del dedo y no es lo mismo. Con el ratón me siento una profesional de mucho cuidado.

A todo esto hay que añadirle, que al salir del curso me puse a leer los comentarios del post anterior, los referentes al bailoteo. Estaba tan contenta, tan eufórica, tan feliz, tan pletórica, tan exultante, tan orgullosa, que iba en el metro con la sonrisa de La Mona Lisa.

Pero es que aun hay más. También he vuelto a la lectura de libros, después de mucho tiempo. Desde que ya no voy en metro de forma regular, no cogía un libro. Los cogía solo para hacer pilas con ellos y sujetar cosas, pero eso no cuenta. Solo leo en tiempos muertos, en los que no se puede hacer otra cosa y los trayectos en metro son ideales para esta actividad. Tengo unas fundas de libros con su asa incorporada, muy monas, que me encantaba llevar.

En fin, que hoy me he sentido optimista, capaz, emprendedora, joven, lista, activa, con futuro incierto pero inquietante y con muchas ganas de seguir adelante. (Ya llevo dos rimas. Mucho cuidado señores poetas que puede llegar la competencia.)

Muchas gracias a todos los que contribuís de alguna manera a que las personas se sientan mejor. Las palabras amables si salen del corazón son tremendamente estimulantes y beneficiosas.

Me siento querida, qué más se puede pedir?.

 

 

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