Primavera. Look-74. A rayas

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Dicen que las rayas horizontales engordan y que no son nada recomendables. Pues me parece muy bien, pero yo me compré este vestido porque me dio la gana y poco me importó esas sabias recomendaciones.

Yo creo que realmente las revistas de moda son revistas de humor. Nos cuentan unos chistes buenísimos. Como por ejemplo llevar jerséis de cuello vuelto enseñando el ombligo o sandalias recubiertas de pelo o camisetas de lana. Está claro que los diseñadores quieren llamar la atención y lo consiguen. Yo me río bastante y saco mi lado más crítico en plan maruja. Uy, uy, uy, uy, mira, mira, mira, que horror, anda ya, si, seguro me voy a poner eso, pero si es feísimo, le queda fatal a la modelo, o sea que a mi ni te cuento, pues no se cuántos venderán pero yo no lo pienso comprar.

Y así hasta que termino la revista. Leí una vez una opinión que hablaba de las personas que leían este tipo de revistas de moda, por lo visto corrían el riesgo de quedarse con el seso comido. No estoy de acuerdo. Yo las leo, y no tengo el seso comido. No hace falta que hagas ningún comentario al respecto, punto en boca. Estoy muy cuerda y nadie sospecharía que me gustan este tipo de revista. Punto en boca otra vez.

No por ver una película violenta me convierto en una asesina, no por ver un concierto de rock me voy a poner piercing. Creo que las personas somos un poquito más complicadas.

Y dicho esto, una más de mis profundas reflexiones, vamos a pasar a comentar el modelito de hoy. Lo podía haber titulado, “vamos a la playa”, porque todo el mundo sabe que las rayas blancas y azules son marineras. Esta feo que yo lo diga, pero este vestido es monísimo de la muerte. Hace unos años no podría haberme puesto un vestido así, tan ajustado, pero digo yo que el tiempo de gimnasio ha servido de algo.

Hay que tener en cuenta que es un vestido mañanero, porque si te lo pones por la tarde, después de comer, no te queda igual. Tu barriga ya no tiene la misma firmeza que antaño y después de comer se expande de mala manera, hasta parecer que estás embarazada de 5 meses. No estoy exagerando, es una realidad como un demonio. Pero si tenemos este tipo de precauciones, todo irá bien.

Este vestido no acaba de transportarme al yate, está queriendo, pero no. Le falta ese aire chulesco, a lo mejor unas gafas de sol, no se, el caso es que así no me veo sentada en la cubierta del yate. Más bien sería una turista que está paseando por el puerto deportivo, admirando las embarcaciones y haciéndose fotos con cada barco.

Esto me recuerda a la última vez que fui al puerto deportivo de Marbella, a Puerto Banus. Aquello era un escaparate de chicas muy arregladas y niñatos y no tan niñatos exhibiendo sus deportivos. Mas bien parecía un mercado de carne, todo expuesto en los mostradores. Los coches rugían y los dueños se apoyaban en ellos, como diciendo, aquí estoy yo y este es mi nene. Como espectadora no estuvo mal, pero no me veo formando parte de ese circo.

En un momento dado, me quedé en el puerto, esperando a que mi amantísimo se acercara con el coche para seguir nuestra ruta turística. Andaba ensimismada con el espectáculo cuando de repente oí un motor rugiendo detrás de mi, ruuuum, ruuuum, ruuuuuum, me di la vuelta esperando ver otro flamante deportivo y apareció nuestro discreto Opel blanco de alquiler. Está claro que para hacer rugir un motor no hace falta un Ferrari.

Bueno, aquí os dejo que creo que un cochazo me espera, ruuuuuum, ruuuuuuum.

Primavera. Look-71. Shorts muy short

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Dicen que comprar sube el estado de ánimo y debe ser cierto porque esta mañana andaba algo tristona y en cuanto me he comprado este pantalón tan mono, las penas se me han ido un poco. Mal remedio desde luego, porque como tenga muchos días tristes voy a dejar la tarjeta tiritando.

Un ejemplo de arrugas en la ropa por estar colgada en el armario lo podéis ver en la blusa de hoy. Podía haberla planchado, pero he pensado, mira que eres absurda, llevas toda la mañana con la blusa arrugada danzando por ahí y ahora que te vas a hacer la foto te planteas plancharla. Desde luego hija que lo tuyo es grave. Así que, después de meditarlo, he concluído que como está de moda el #nofilter, pues yo me sumo a la moda esta y dejo mis arrugas tal cual.

Cambiando de tema, estoy hasta las narices de los gemidos de Pincher. No hay quien lo aguante. Resulta que cuando hay perras en celo en la urbanización, Pincher se trastorna. Se levanta gimiendo, mirando todo el rato hacia la ventana o hacia la puerta, con cara lastimosa. Si es que le hace falta un buen revolcón. Seguro que se le quitaban todas las penas, como a todos.

En cuanto abro la puerta sale a toda leche, en busca de olores, como un loco. Relame las hierbecillas, busca, rebusca, y vuelve a relamer. No me hace ni puñetero caso. Se recorre toda la urbanización en busca de su amada. Y yo detrás, llamándolo, silbándole y ni caso. Con lo que me cuesta silbar. Tengo un silbido que es un asco, no se oye ni a dos metros y me falla más que una escopetilla de perdigones. En el fondo me da pena, penita, pena, pero solo en el fondo.

Hasta que pase esta condena tendré que llevarlo de la correa y él tirará como un toro Miura, desbocao. Menos mal que es un mierdaperro y no tiene fuerza para arrancarme el brazo. Tendría que ver la manera de sacar provecho a esta situación. Podría ponerme unos patines y el perro me llevaría de paseo, aunque con una sola cuerda iría descompensada. Tendría que apañarme unas riendas en condiciones, de caballos o algo así. Le daré una vuelta, a ver qué saco. Y mientras tanto, a aguantar los gemidos. Ya está otra vez mirando por la ventana.

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Blusa de massimo dutti, pantalón de springfield y sandalias de mustang.

Primavera. Look-64. Estrecho y rosa

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El rosa ataca de nuevo.

Este vestido tan mono y tan rosa es de nueva adquisición. En cuanto lo vi, sus colores me dejaron encandilada. Como no quería ir demasiado arreglada, no me puse tacones. Que te pones tacones, vas de lo más, que te pones sandalias, vas mucho más informal y juvenil.

Invitaron a mi hija a una Comunión y yo fui en calidad de madre de la niña invitada. Creo que no es un vestido muy propio para esta clase de eventos, es más de irte a tomar algo con las amigas una tarde de primavera, pero tenía tantas ganas de estrenarlo que no me importó lo más mínimo. Había decidido ponérmelo y ya no había vuelta atrás.

Llevo dos florecillas. No son las mismas flores que me puse para la boda. En la boda llevaba una flor grande y en esta ocasión se trataba de dos pequeñas que le daban un toque más casual. Ahora pensaréis si es que compro las flores al por mayor, pues no. La cuestión es que compré varias opciones para decidir cuál me pondría en la boda y al final me quedé con todas. Si alguien necesita una flor, presto flores.

Aquí si que llevo mi nueva barra de labios rosa chicle. Y poco más se puede decir, que llevo los pendientes rosas, la pulsera en tonos rosas y morados y las sandalias rosas. Si odiáis el rosa, no miréis porque os puede dar empacho.

Las Comuniones son eventos muy curiosos. Como no soy creyente, cuando tengo que asistir a una misa, me fijo en todo lo que me rodea, en la gente, en la iglesia, en el cura, en las canciones y reflexiono sobre todo lo que veo. Digo reflexiono por no decir critico. Porque realmente lo que hago en mi cabeza es criticar y criticar. Que si esta iglesia no tiene coro y las canciones las canta el cura y no va al compás, que si la iglesia es de las modernas, de las que no tienen casi imágenes y mucho hormigón, que mira aquella qué pelos lleva, parece su abuela. En fin, lo normal de cuando entras en una iglesia.

Recuerdo que al principio, cuando entraba en una iglesia, intentaba seguir el ritmo de la ceremonia. Si decían, palabra de Dios te alabamos óyenos, pues yo lo repetía como un lorito. Pero pensé que si había decidido no ser creyente, aunque estuviera bautizada y hubiera hecho la comunión, no tenía por qué fingir pertenecer a la comunidad cristiana. Creo que demuestro más respeto quedándome calladita que repitiendo el final de la frases.

Y claro, si estás durante toda la ceremonia con la boca cerrada, pues te aburres soberanamente y ni siquiera el fijarte que aquella persona no ha sabido combinar la falda con los zapatos, no es suficiente entretenimiento.

Tampoco me gusta estar de charleta con la de al lado. A qué hemos venido?, a parlotear?, pues no, hemos venido a asistir a una ceremonia cristiana y aguantaremos lo que nos echen, y si no te gusta, haberte quedado en casa.

Otra cosa que no soporto, aunque no venga al caso para nada, es cuando estás en una clase colectiva en el gimnasio y la gente no pierde ocasión para hacer corrillo para hablar, cada vez que acaba una canción o va a empezar la siguiente. Hay algunas realmente pesadas. Yo voy al gimnasio a hacer deporte, a sudar y a esforzarme en hacer lo que el monitor me mande. Luego están las que hablan en alto como para toda la clase, sin dirigirse a nadie en particular. Esas me dan un poco de vergüenza ajena.

Bueno, dejaré el tema gimnasio para otra ocasión porque eso es un mundo a parte.

Vestido de h&m, sandalias de mustang y flores de claire´s.

Primavera. Look-62. Faldita

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Que ya ha venido el calorcito!. Me había comprado esta faldita hacía unos días y ya estaba deseando estrenarla. Tiene una zona elástica hecha de nido de abeja, que así se le llama a la tela agurruñada con elástico. La dependienta me dijo que lo mismo me valía de falda que de top. Mira tu que bien, dos prendas por el precio de una.

Esto del nido de abeja no lo escuchaba desde que era una niña. En aquella época era muy normal tener vestidos que se ajustaban a tu tronco con esta técnica. Pero recuerdo que no era nada agradable. Aquello picaba y cuando te quitabas el vestido, se te notaba todo el entramado del vestido en la piel, y claro, como tengo tan buenos recuerdos, voy yo y me compro una falda con nido de abeja.

Pero es muy mona, que es lo importante. Ya hemos dejado claro en más de una ocasión que lo mono prima sobre lo cómodo y lo práctico. Si tengo que subir al Everest, pensaré en lo cómodo y práctico, pero como no es el caso, así queda la cosa.

No he comentado que esta falda es muy sueltecita y hay que tener especial cuidado cuando hace vientecito. Si el aire te viene de frente, no hay problema, pero si se forman remolinos, terminas protagonizando la escena de Marilyn. A ella le quedó muy sexy, pero a mi me quedaría algo más patético, porque no pondría cara de, – uy! mira mi falda -, sino más bien cara de, – joder con el aire -. Perdón por la expresión, no me gusta decir palabrotas, bueno, esta si que la digo bastante.

No se si vosotros sois de los que tienen que hacer cambio de ropa de temporada. Pues es un rollo patatero. Ya me gustaría tener un vestidor enorme con dos zonas diferenciadas, la de verano y la de invierno, y pasearme por las estanterías cual terrateniente recorriendo sus dominios, mirando en la lontananza los jerseis de invierno y al otro lado del valle, las blusas de verano.

Me tengo que conformar con tener toda la ropa de temporada guardada en cajas en el canapé de la cama. Y como todavía no he hecho el cambio de rigor, ando abriendo canapé, sujetando canapé porque el hidraúlico ya no funciona, abriendo caja sin dejar de sujetar el canapé, abriendo tapa de caja, rebuscando en caja, cerrando tapa y todo eso en un abrir y cerrar de ojos para que el canapé no me mutile el brazo.

Todo tiene su lado positivo y es que hasta que no haga el cambio, mis brazos se van a poner en forma y voy a coger buen tono muscular, que nunca viene mal.

Mañana parece que va a hacer más calor, ¿alguien me sujeta el canapé?.

Blusa de massimo dutti, sandalias de mustang, cinturón de mango y falda de trucco.