Parecidos razonables.

Parecidos_razonables

Ayer fui a la pelu, me llevé una foto con un corte de pelo que me gustó, para que la peluquera hiciera el milagro en mi cabeza. Podríamos pensar que la peluquera dio de lleno si la foto que hubiera llevado hubiera sido la de Meg Ryan, pero no fue el caso, en realidad, la foto que llevé fue esta otra:
corte_de_peloLas peluquerías siempre son un misterio, sabes como entras pero nunca sabes cómo sales. La mayoría de las veces estás deseando llegar a casa para lavarte la cabeza y volverte a peinar. Yo insisto en que me hagan un peinado juvenil, desenfadado, pero en cuanto cogen el cepillo redondo, empiezan a remeterte el pelo al estilo “señora  que lleva el monedero debajo del brazo apretándolo contra su cuerpo”.

Otra cosa que no falla es cuando le dices: “no me cortes mucho”. La peluquera asiente con la cabeza como si te estuviera escuchando, pero en cuanto coge las tijeras ya estás perdida. Se lía, se lía y se lía y no tiene medida. Corta, corta y corta y tu ya solo puedes suspirar y pensar que solo es pelo, que siempre crece y que hay problemas más graves en el mundo. Pero sales de la peluquería jodida, maldiciendo porque llevabas dejándote el pelo crecer meses y la malvada peluquera de un plumazo, mejor dicho, de un tijeretazo, ha acabado con todo.

Hoy, mirándome al espejo me he dicho, vaya cara de Meg Ryan que te han dejado. Pero no estaba viendo a la Meg Ryan joven, guapa, con cara angelical, si no a la ya operada con cara de pato. Aunque de eso no tiene la culpa la peluquera, la cara ya la llevaba así de serie.

La próxima vez le mostraré una foto de Sofía Vergara, con ese pelazo por la cintura y con suerte me lo dejará a la altura del hombro.