Me cuesta, no me cuesta.

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Seguro que todos tenéis en mente una lista de tareas que os cuesta trabajo hacer y otras que hacéis sin dificultad.

Hoy me he parado a pensar en todas esas cosas que me cuestan y en las que no me cuestan, con el fin de sacar alguna conclusión al respecto.

Esta mañana, ni corta ni perezosa, me he dedicado a cambiar toda la silicona de la ducha del baño. Se había deteriorado con el agua y tenía partes ennegrecidas. Probablemente haya tardado 3 horas en realizar el trabajo pero no me ha costado nada. He cogido mis herramientas, me he tirado por el suelo, he rebañado bien la silicona mugrienta, he comprado un bote de silicona reluciente en la ferretería y la he puesto con mucho esmero y con mucho mimo. Me ha quedado divina de la muerte.

Ha llegado la hora de comer y he ido al Mc Donald y he comprado unas hamburguesas.

Pero cómo puedo ser así?, qué me impide ser una persona normal y hacer un huevo frito o un filete a la plancha o un pescado rebozado?. Pues no hay manera, es ver una sartén y se me ponen los pelos de punta. Muchos creen que mi fobia a la cocina se debe a que no he dado con la receta correcta. Con toda su buena voluntad me sugieren platos muy sencillos. Señores, se hacer lentejas, pollo empanado, pescado a la plancha, cremas, cocidos, macarrones por supuesto y alguna cosa más por ahí habrá, pero no me gusta nada de nada, cero pelotero, menos que cero, menos 40. Y por qué?, acaso tuve algún trauma infantil?, alguien me asustó con una sartén y ahora tengo pesadillas con ellas?. Por más que le intento buscar una explicación razonable, no soy capaz de encontrarla.

Qué puedo tardar en freír un huevo, 1 minuto?, frente a 3 horas de poner silicona. Pues dame a elegir y eligiré la silicona.

Por Dios, hay algún psicólogo en la sala?

Es curioso como siempre que saco el tema la gente termina hablándome de comida, de recetas, de guisos. Suficiente para que digas que no te gusta algo para que todo el mundo te hable de ello. Otros concluyen, necesitas un robot de cocina. Pues ya lo tengo. Necesitas una plancha para no ensuciar mucho y la comida es muy sana, pues ya la tengo. Al horno sale todo muy bueno y es muy sencillo. Que si, que tengo horno y microondas, que no es por eso.

Hace tiempo que me acepté como era, con mis defectos. No hay que nadar contra corriente, solo hay que dejarse llevar.

Pero claro, siendo mujer y siendo madre de 3 hijos, decir que no te gusta cocinar es mentar al diablo, cometer sacrilegio. ¡Pero si yo no soy creyente!.

La cocina está sin duda en mi lista de me cuesta, pero tengo más cosas en la lista.

No me cuesta meter los platos sucios en el lavavajillas, quitar los restos, darles un agua, colocarlos dentro, pero me cuesta sacarlo todo una vez limpio. Señores, por qué?, pero si es menos trabajo sacar que meter, pues así es. Ves que la luz del lavavajillas te indica que ha terminado el programa y sabes que toca sacar los platos, pero piensas, luego lo hago, después de yo que se qué. Lo dejas pasar y entonces, cuando se te ha olvidado, pretendes meter un vaso sucio y cuando abres la puerta del lavavajillas….horror, todavía sigue todo dentro!!. Miras al lavavajillas con odio, como diciendo, por qué no te has vaciado ya?, tanto te cuesta colocar las cosas en su sitio?.

Pongamos otro ejemplo, no me cuesta poner la mesa y quitarla me cuesta horrores. Poner la mesa tiene su componente placentero y es que vas a comer en breve. El mantel está limpio, los platos bien colocados, los cubiertos en su sitio, cada comensal con su servilleta, qué mesa más bonita me ha quedado!. Pero ay amigo, cuando toca quitarla lo único que ves son migas, trozos de comida por el mantel, más migas en el suelo y trocillos de pan mordisqueados por toda la mesa. A eso hay que añadirle que te has desabrochado el botón del pantalón porque estás llena y lo que te apetece es tumbarte en el sofá. A quién le va a gustar quitar la mesa en estas condiciones?, pues a mi no.

Y tu?, cómo lo llevas?, necesitas un psicólogo?, vamos a medias?.