Otoño. Look-84. Ríe o llora

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Ayer estuve viendo la serie Olmos y Robles. Creo que fue el último capítulo de la temporada.

Me encanta Pepe Viyuela, cómo es capaz de pasar del humor a lo sentimental. Es una línea muy fina la que separa la tragedia de la risa, imagino que porque en una situación difícil, la risa es lo que te descarga, lo que te libera. Pero no me gustan las comedias esperpénticas o escatológicas, lo que de verdad me gusta son las comedias sentimentales, donde lloras y ríes a partes iguales.

En esta misma línea tenemos a Paco Martinez Soria. Si, lo se, este hombre es de otra época, pero manejaba como nadie el drama y la comedia. Sus películas eran muy típicas, la familia, los hijos que no se hablaban, el pueblo. Da igual las veces que vea una de sus películas, siempre me hacen llorar.

Sin embargo, las películas de risa, que solo son de risa, como Aterriza como puedas, no me sacan ni unas sola sonrisa y es porque no me llegan al corazón. Creo que ese es el secreto de una buena comedia, saber aunar sentimientos y situaciones cómicas.

Recuerdo cuando vi la película Naúfrago en el cine, que hubo momentos en los que no podía parar reír. El resto del público de la sala no veía la historia como yo, se les veía bastante serios, pero es que había escenas penosas que rozaban lo cómico, por lo menos yo lo entendí así.

Un claro ejemplo en la vida real donde se mezclan las risas y los llantos es en un velatorio. Siempre hay algún familiar que destensa el ambiente contando alguna anécdota divertida. ¿Una falta de respeto?, yo no lo veo así, lo veo como una aportación positiva a un momento dramático.

Y nada más por hoy. ¿Qué cual es mi mensaje?, pues no se, podría ser, “ve al cine a ver comedia” o “hazte fan de cine de barrio” o “si quieres reír ve a un velatorio”.

Vamos, que no tengo mensaje.

Otoño. Look-83. Macarra

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¡Madre mía!, vaya careto el de hoy. Es increíble cómo puede cambiar la imagen de una persona con una simple sonrisa.

Seria parezco mala persona, chula, por encima del bien y el mal, prepotente, antisociable, reservada, motera, esto último no es nada mala pero me miro y me imagino la moto aparcada en la puerta, en fin, que con esta expresión, no doy pie a que alguien quiera acercarse a mi para conocerme, porque el mensaje que estoy transmitiendo es, no me mires no me toques.

También es cierto que irradio un pequeño halo de misterio, como “el Hombre de negro” en el programa El Hormiguero. Una persona que sonríe, no infunde miedo, invita al acercamiento.

Que sepáis, que esta que aparece en las fotos no soy yo.

  • ¿A no?, pues se parece mucho a ti.

Que si soy yo, pero no esta yo, no soy distante y cuando me cruzo con alguien, saludo con una gran sonrisa.

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En los anuncios, esto de la sonrisa es algo que se tiene muy en cuenta. Una vez leí un artículo sobre este tema. Una revista mostraba una portada con personas sonrientes y otra con las mismas personas pero con el semblante serio. Todos los encuestados coincidían en que les gustaba más la sonriente, invitaba a leer la revista o a comprar los productos. El caso es que la sonrisa incita a la acción, mientras que la seriedad te hace quedarte inmóvil.

Ahora pensaréis que voy por ahí sonriendo para conseguir mis propósitos, pues no, no es el caso, aunque bien pensado debería intentar sacarle algún provecho.

Casi todas las pancartas electores nos muestran unos políticos sonrientes. A algunos se les ve bastante forzados, deben tener las comisuras de la boca totalmente atrofiadas de no usarlas, pero terminan sucumbiendo al poder de la sonrisa.

Así que para terminar, lanzo mi mensaje. Sonríe todo lo que puedas o de vez en cuando, pero sonríe, el poder está en tus labios.

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Otoño. Look-82. A volar

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¡Sensibles, a volaaaar!.

Así empieza una canción de Paco Pil. Mis compañeros de trabajo, me llamaban Sensible y para hacerme la gracieta, a veces me ponían esta canción. Nos reíamos mucho. Tengo muy buenos recuerdos.

El caso es que al verme en esta foto, con esta pose, como parece que voy a salir volando, me he acordado de esta canción, que todo os lo tengo que explicar.

Hablando de todo un poco, ya os lo he comentado, pero por si alguien no se ha enterado, he empezado a dar clases de canto. ¿Eres profesora?. No, he empezado a recibir clases de canto.

¿Por qué siempre surge esta confusión cuando dices que estás dando clases de algo?. No me extraña ni un pimiento porque construimos mal la frase. Si estamos recibiendo las clases, por qué puñetas decimos que las estamos dando?, así no hay quien se entere.

Pasa lo mismo que cuando pides un chicle,

  • ¿tienes un chicle?
  • ¿que si tengo o que si quiero?

nunca queda claro. Seguro que alguna vez os ha pasado. Vamos a ir solucionando problemas. Se acabó decir ¿quieres?, se confunde con ¿tienes?, que los oídos cada vez están peor y nos pasamos media vida aclarando. A partir de ahora vamos a decir ¿te apetece?. Asunto resuelto.

Para el tema de dar clases, vamos a acordar que el que da clases es el profe y el alumno es el que las recibe. Así que, aunque quede raro, vamos a decir, estoy recibiendo clases. Me encanta solucionar cosas. Estamos más cerca de entendernos todos a la perfección.

Volviendo al tema del canto. Hoy he recibido mi primera clase de canto. Me ha encantado. Todos deberíamos recibir clases de canto. Por favor, señores del gobierno que modifican el plan de estudios cada dos por tres y cada vez sacan uno peor, meted clases de canto como asignatura troncal, es vital para el desarrollo de las personas.

Uy, las clases de canto sirven para todo, no solo para cantar, también para aprender a hablar en público y no quedarse afónico. Me habrían venido muy bien cuando los niños eran pequeños, les metía unos gritos que me quedaba sin voz. Si hubiera recibido unas clases de canto, habría gritado con más estilo, con más sonoridad, con más autoridad, durante un rato más largo y no me hubiera quedado afónica. Si es que todo son ventajas.

Hoy, durante el paseo a Pincher y aprovechando que iba sola por la calle, me he puesto a practicar. ¡Pero qué bien sienta dar unas notas al aire!. En serio, he salido tan contenta de mi primera clase que no paraba de reír. Al entrar en el metro, me ha captado una chica de la Ong Acnur, no se qué pasa con esta Ong que últimamente están en todas las boca de metro del mundo mundial. Con una sonrisa de oreja a oreja le he dicho que ya pertenecía a su Ong. Me ha mirado a la cara y me ha dicho que estaba muy agradecida y que siguiera así de alegre, hasta me ha dado la mano. Luego me he sentado en el metro y entre lo feliz que iba y los comentarios que iba leyendo del blog, parecía una tonta de remate.

Lo que más rabia me ha dado al salir de la clase, es que no tenía a nadie a mi lado con quien compartir mi dicha. Todo este revuelo por una clase de canto, no me lo explico.

Y ahora quiero más y más, quiero aprender más cosas, quiero hacer más cosas. Saciaré alguna vez mis ansias por conocer?, de experimentar cosas nuevas?. ¡Es una droga demasiado dulce!.

Otoño. Look-81. La corbata

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Por fin he estrenado mi corbata. Me la compré en Navidad y todavía no me la había puesto. Hacía tiempo que quería tener una. Hasta ahora, lo que usaba como corbata era un pañuelo, le hacía un nudo corbatero y andando. Podéis ver el look del pañuelo corbatero aquí.Pero me apetecía tener una de verdad.

No se muy bien qué efecto he conseguido hoy. Por un lado, me miro y me recuerdo a un invitado de boda en las últimas horas del baile, con la corbata aflojada y la camisa abierta. Si miro el bolso estoy entre el cartero del barrio y una periodista joven, claro que también pudiera ser el fontanero con la maleta de herramientas.

Cuando era adolescente, con unos 16 0 17 años, me daba por ponerme la corbata de mi padre y una gabardina que tenía como la de Colombo, solo cuando salía con las amigas, no para ir al instituto. A mi padre hasta le hacía ilusión. Esto solo era una nota para poneros en contexto.

La cuestión es que me gustan las corbatas, pero es difícil encontrar corbatas bonitas. ¿Por qué la rompa de hombre es siempre tan sosa?. Perdonad, pero es que es la pura verdad. Para empezar solo existen dos anchos de corbata, la más ancha está destinada a señores que van a la oficina. Me parece muy bien, vas a la oficina con ella y ¿por eso tiene que ser tan fea?. Ya se que la oficina no es una fiesta, pero es que daría lo mismo, porque resulta que las corbatas de fiesta son las mismas que las de oficina. A ver si creías que hay una sección especial que dice: “corbatas de fiesta”. La mujeres si que tenemos esa sección, “vestidos de fiesta”, pero los hombres…una pena.

Vale, pues te convences de que ese es el ancho de corbata normal. Vamos a elegir el dibujo, o el motivo o la trama. A ver, lisa, a rayas y…y ya está, lisa y rayas. Pero esto qué es, una broma?. A si, perdonad, que también tenéis las corbatas de muñecos, vaya novedad, eso es diseño puro. No me convence ninguna. Si yo fuera diseñador de corbatas, otro gallo cantaría.

Pienso, esto pasa porque me he ido a la sección de corbatas para señores, en cuanto me acerque a las corbatas de jóvenes, la cosa va a cambiar. Y una leche. El ancho si ha cambiado, son corbatas estrechas, empezamos bien. Pero los colores, con los colores la cosa empeora. Tenemos la corbata negra, que parece que vas de luto o eres uno de los componentes de los Blues Brothers. También tenemos la corbata gris oscura, la azul oscura, la morada oscura y ya. Que realmente no se sabe de qué color es, porque todas parecen negras, pero vamos, que en la etiqueta dice que no es negra. Y el material del que están hechas estas corbatas ya es para morirse. Imitación a cuero, o sea, plastiquillo puro, algo parecido al punto y otras están más tiesas que la mojama.

Total, que la tarea de comprar una corbata no es nada fácil, desde el punto de vista de una mujer.

Esta que compré no es que sea la mejor corbata del mundo, digamos que era la menos fea que había.

Ahora hablemos del nudo. Veo mucho nudo mal hecho por ahí y no me gusta. Sufro mucho cuando el presentador de las noticias lleva el nudo torcido y la corbata le cuelga haciendo un tirabuzón. Vamos a ver, ¿es que no hay un señor de estilismo por ahí?, mucho maquillaje y mucha peluquería y luego sale con la corbata hecha un higo. ¡Me entran unas ganas de colarme por la pantalla y enderezarle el nudo!. Tampoco me gustan esos nudos super estrangulados, enanos, de los que emanan unas pedazos de corbatas enormes, que más que una corbata parece un babero. Un poco de proporción, hombre.

En fin, si no usais corbata, eso que os ahorráis, pero si la lleváis, llevadla con estilo, las mujeres os lo agradecerán.

Otoño. Look-80. Chaleco negro

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¿Habéis tenido alguna vez un día plof?, yo si. Creo que hoy es uno de ellos.

Esta mañana no tenía ganas de ir al gimnasio, puede que las agujetas mortales que tengo en el abdomen hayan influido algo en la decisión. No tenía ganas de salir a hacer los recados pendientes y no tenía ganas de arreglarme. Así que he hecho justo lo contrario de lo que mi cuerpo me estaba indicando que hiciera.

Me he arreglado y he salido. Después de acicalarme, me he mirado al espejo y no me he sentido mejor, ni más contenta, ni más guapa, ni más nada, si acaso un poco más incómoda que con mi ropa de estar en casa. Me he echado brillo en los labios y un poco de colorete en las mejillas. Eso suele funcionar, pero hoy parece que no ha resultado.

Después de los recados he ido a pasear por el centro comercial, a ver tiendas, a probarme ropa, a cotillear y tampoco eso me ha animado demasiado. No me he comprado nada, un claro síntoma de desidia.

He comido fuera, en una terraza. Esto era una apuesta segura, las vistas, el aire en la cara, no hacer la comida. Era mi último cartucho y lo único que he conseguido ha sido una mala digestión.

He vuelto a casa y no me sentía mejor que cuando salí por la mañana. Aún así me he hecho las fotos de rigor, que llevo ya un día sin publicar. No he tenido narices de esbozar una leve sonrisa verdadera. Solo me salían sonrisas falsas con cara de pato. Así que finalmente he decidido no mostrar el rostro. Ha sido una buena decisión porque si no, a estas alturas todavía estaría haciéndome fotos y viéndome mal en todas.

Total, que ha sido y sigue siendo un día plof. Puede que el hecho de que el sol se haya escondido tras las nubes no haya ayudado demasiado, o puede que el resfriado que he pasado me haya quitado energía, o puede que hoy haya pensado más de la cuenta en la vida, o puede que nada de lo anterior.

En fin, que ni pizca de gracia tengo hoy en el cuerpo. ¡Vaya fastidio, tu que venías a echar unas risas y casi sales llorando!.

Como dijo alguien: “mañana será otro día”.

Verano. Look-79. Camisa vaquera

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Por fin tengo mi camisa vaquera. Después de 3 o 4 años mirando camisas vaqueras en las tiendas y convenciéndome de que realmente no la necesitaba, ayer me la compré. Caí en el truco del almendruco, ese en el que te marcan el precio anterior y el super rebajado. Y claro, la reflexión fue la siguiente: “qué cara era antes, no me extraña que no la comprara, pero ahora, mírala ella, que mona y qué barata, bueno, no tan barata, pero mona si. ¡Lo mismo me la compro ahora y dejan de llevarse!, y eso a quién le importa, a mi?, no, a mi no, bueno un poco si. Vale, pues decidido, me la compro”.

Si os digo la verdad, me estoy empezando a aburrir de las poses, siempre de lado, siempre la misma cara, no la puedo cambiar, siempre la mirada perdida. Ya lo se, nadie me obliga. Desde luego es que no se os puede decir nada, cómo os ponéis!.

Esta mañana he hecho algo de lo que nunca me cansaré, me he tomado un café en una terraza mientras leía una revista. El sol me calentaba un poquito, pero sin achicharrar, corría un poquito de frescor mañanero, ese que te hace creer que el aire es puro, pero no es puro, es el mismo aire contaminado de siempre, solo que fresquito.

Y encima me he echado unas carcajadas gracias a la revista que estaba leyendo. Sola y riendo, así empiezan los locos.

Cambiando de tema, o mejor dicho, volviendo al tema que nos ocupa, vamos a hablar del vaquero. Ahí va mi reflexión: ¿por qué antes nos poníamos pantalones vaqueros, después solo vaqueros, más tarde jeans y ahora resulta que son denim?. Esto de la moda es un sin vivir, demasiadas preguntas sin respuesta.

Y otra cuestión, ¿cómo se dice, quizás o quizá?. Todo el mundo quieto que lo acabo de mirar en el internete.

¡Que valen las dos!, pues vaya manera de gastar palabras a lo tonto, si son casi iguales, hombre, quita una, que eso ocupa en el diccionario. A ver para cuando hacemos sitio a “arrascar”, que la llevo pidiendo muchos años y todavía está marginada. Qué quieres que te diga, yo si no me “arrasco” la espalda, es que no soy la misma. Pues nada, a esa pobre palabra la tienen marginada. Como pille una silla buena, pongamos la de la A, lo primero que voy a hacer es incorporar “arrascar” y para compensar quitaré “quizá”, que me gusta menos.

Y por hoy, ya está bien. Me he tomado un café, he criticado el denim, voy a quitar “quizá” y me he reído, no se puede pedir más.

Verano. Look-78. Zapatos blancos

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Aquí os traigo el modelito que me inspiró para marcarme el baile. Con estos zapatos me siento ligera y me dan ese toque masculino que tanto me gusta.

No se por qué me gustan tanto los zapatos masculinos, estos concretamente me recuerdan a Fred Astaire y a sus maravillosos bailes, deslizándose por la pista sin ninguna dificultad. ¡Cómo me gustaría bailar como él!, me lo imagino impecable con su sombrero y su bastón.

Acabo de hacer una búsqueda en internet para ver alguna imagen suya y tiene algunas increíbles, estaba hecho todo un acróbata, ahora me gusta todavía más.

Se perfectamente a qué se debió su éxito, fue todo gracias a los zapatos. Sus zapatos debieron ser maravillosos, blancos o negros, brillantes y con mucho estilo.

Los zapatos dicen mucho de las personas, no se si lo sabéis. Yo saco muchas conclusiones solo observando zapatos, así que ten mucho cuidado con lo que te pones en los pies cuando quedes conmigo, porque te haré un análisis psicológico en un momentito.

Cuando voy en el metro, uno de mis entretenimientos favoritos si no llevo un libro entre manos, es observar zapatos. Como andamos siempre con la cabeza gacha para no tener que cruzar miradas incómodas, he utilizado esta circunstancia para sacarle algún provecho.

“Eva, dile a la Esme que ella será escuchanta, pero que yo soy psicóloga zapatera”.

Zapatos clásicos, modernos, cómodos, sofisticados, anticuados, nuevos, todos tienen una historia que contar. Dicen que la mirada es el espejo del alma, pero los zapatos no se quedan atrás. No cuentan historias tan profundas pero chivatean mucho.

Por eso, cuando elijo lo que me voy a poner cada día, los zapatos son esenciales, son los que determinan el look. Un ejemplo, unos vaqueros y una camiseta. Con unas zapatillas blancas eres la turista perfecta, transmites dinamismo, te sientes activa, subes y bajas escaleras como el rayo que mata y estás dispuesta a cualquier cosa.

Ahora cambia las zapatillas por unos zapatos de tacón, de los que son muy estrechos por delante y los dedillos se pelean por conseguir un buen sitio, de repente te has convertido en una ejecutiva moderna que va a una reunión de proveedores en unos almacenes situados en un polígono industrial. Nada que ver. Y eso lo han hecho los zapatos. Ya te digo yo que los zapatos son poderosos. Seguro que ahora meditas más sobre el tema.

Ya se lo que estás pensando, “a esta mujer se le ha ido la cabeza”. Pues no te voy a llevar la contraria pero, ¿acaso estamos todos cuerdos?.

Verano. Look-77. Safari

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Nunca he ido a un Safari, aunque no creo que la gente que vaya a uno lleve esta indumentaria. Pero los colores son de Safari, eso está claro. Llevo una blusa caqui, que no se por qué se le llama así, si el caqui es naranja y la blusa esta es verde. Imagino que porque ya teníamos el verde claro, el verde oscuro, el verde manzana y a alguien se le ocurrió decir que este era el verde caqui y como nadie había visto antes un caqui, pues todos quedaron tan contentos.

Si vas a ir de safari tienes que llevar alguna prenda en verde caqui y otras en colores tierra, por no llamarlos marrones de toda la vida.

Pero qué manía con llamar a los colores de maneras tan raras. Tenemos el azul turquesa, ese que unos afirman que es verde y otros que es azul. Yo lo llamaría azul discordia porque no hay dos personas que vean este color de igual manera y siempre terminan a la gresca. “Te digo que eso es verde, no tienes ni idea, ni idea tienes”.

Tenemos el rojo Tíbet, que no creo yo que el nombre se lo pusieran los monjes tibetanos, porque no tendría ningún sentido. “Hermano Shih Min, acércame la túnica roja”, “¿Cuál mi señor?, “La rojo Tíbet”, y el monje se quedaría pensando: “pero si son todas iguales”. Pues eso, que allí en las montañas el rojo que usaban era ese, ni más ni menos, y se llamaba rojo y punto, nadie lo llamaba rojo Tíbet. Seguramente el nombre se lo puso un comerciante que fue al Tíbet y quedó impactado al ver a tanto monje vestido con la misma túnica roja. Compró metros y metros de esa tela y se la llevó a su país. Cuando la gente le preguntó dónde había apañado ese rojo tan chulo, el hombre soltó, “pues es el rojo Tíbet”, y se quedó tan pancho.

Ya he hablado alguna vez del blanco, un color en apariencia tan sencillo!, pues te equivocas, es de lo más complejo. Tenemos el blanco roto, el blanco nuclear, el blanco perla, el blanco natural, y los otros que eran?, antinaturales?, el blanco marfil, el blanco hielo y un largo etcétera. No te voy a decir cuál es cual porque realmente nadie lo sabe.

Esto lo voy a solucionar de una vez por todas, se acabaron los nombres absurdos, a partir de ahora vamos a hablar en términos RGB o CMYK. “Me he comprado una blusa verde R95 G99 B84 monísima, o sea, el verde caqui de ahora, y una falda marrón C17 M8 Y8 K0 estupenda, el marrón tierra de ahora. Dónde va a parar, mi método es mucho mejor, una definición exacta del color. Todos hablaremos en esta jerga con toda naturalidad. “Este año se lleva un montón el azul R8 G61 B121”, os  lo traduzco para los que todavía no estáis familiarizados, el azul marino de antes.

Así que señores de la moda, se les acabó el chollo, se acabó el inventarse nombres de colores todos los años, se acabó el mirar por encima del hombro al que no sabe distinguir un blanco roto de un blanco hielo, ahora los colores serán populares, cada persona llevará un colorímetro. El colorímetro será un artefacto que descompondrá los colores en términos RGB y viceversa y te los mostrará en pantalla. Todo el mundo sabrá de qué color se está hablando en todo momento.

Bueno, pues ya he desmonopolizado un sector, seguiré pensando a ver qué gremio desmonto la próxima vez.

Verano. Look-76. Blanco y negro

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Este fin de semana he estado de boda.

Cuando te invitan a una boda, lo primero que te preguntas es: “¿Qué me voy a poner?”. Empiezas a hacer repaso de todos los vestidos boderos que tienes. Este no que con él fui a la boda de mi familia, este no que con él fui a la boda de su familia, este no que si como mucho luego se me nota la barriga, este no que no me apetece. Con tantas restricciones la cosa se pone difícil. Entonces empiezas a darle vueltas a la cabeza y a pensar en otras opciones, vestidos no boderos pero susceptibles de serlo, o sea, que con un complemento aquí y otro allá puedan dar el pego.

Buscas y rebuscas hasta que se produce el milagro. Este vestidillo, con el cinturón del mono blanco, el bolso que me compré para la boda de mi prima, el sombrero de este invierno, los zapatos nuevos del verano y la cosa parece que pinta bien. Paseillo delante de la familia para que den el visto bueno y listo.

Muy importante la actitud, siempre lo digo. Cuando te colocas todo, tienes que resplandecer, no puedes dudar, no puedes avergonzarte y no debes pensar que alguien se va a dar cuenta de que no es un vestido bodero. Es un vestido bodero porque tu has decidido que lo sea y con eso es suficiente.

Asi que tengo que decir que quedé muy contenta con el resultado y no me quité el sombrero en ningún momento. Leí alguna vez en una revista que las mujeres que llevan pamela a una boda, van con la pamela y vuelven con la pamela, no se la quitan en ningún momento. Y yo ni corta ni perezosa, seguí al pie de la letra estos sabios consejos, que a saber de quién eran y a saber si no eran inventados. Así soy yo, hago caso a idioteces según me parezca.

También es verdad que es recomendable no quitarse el sombrero después de un rato porque el pelo queda aplastado y pierdes el glamour en un periquete.

Me encantan los sombreros, pero no estamos acostumbrados a llevarlos ni a verlos en las cabezas de los demás. Me he propuesto llevarlos cada vez que me apetezca, obviando miradas y comentarios.

¿Y qué me pongo para la próxima boda?.

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Parecidos razonables.

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Ayer fui a la pelu, me llevé una foto con un corte de pelo que me gustó, para que la peluquera hiciera el milagro en mi cabeza. Podríamos pensar que la peluquera dio de lleno si la foto que hubiera llevado hubiera sido la de Meg Ryan, pero no fue el caso, en realidad, la foto que llevé fue esta otra:
corte_de_peloLas peluquerías siempre son un misterio, sabes como entras pero nunca sabes cómo sales. La mayoría de las veces estás deseando llegar a casa para lavarte la cabeza y volverte a peinar. Yo insisto en que me hagan un peinado juvenil, desenfadado, pero en cuanto cogen el cepillo redondo, empiezan a remeterte el pelo al estilo “señora  que lleva el monedero debajo del brazo apretándolo contra su cuerpo”.

Otra cosa que no falla es cuando le dices: “no me cortes mucho”. La peluquera asiente con la cabeza como si te estuviera escuchando, pero en cuanto coge las tijeras ya estás perdida. Se lía, se lía y se lía y no tiene medida. Corta, corta y corta y tu ya solo puedes suspirar y pensar que solo es pelo, que siempre crece y que hay problemas más graves en el mundo. Pero sales de la peluquería jodida, maldiciendo porque llevabas dejándote el pelo crecer meses y la malvada peluquera de un plumazo, mejor dicho, de un tijeretazo, ha acabado con todo.

Hoy, mirándome al espejo me he dicho, vaya cara de Meg Ryan que te han dejado. Pero no estaba viendo a la Meg Ryan joven, guapa, con cara angelical, si no a la ya operada con cara de pato. Aunque de eso no tiene la culpa la peluquera, la cara ya la llevaba así de serie.

La próxima vez le mostraré una foto de Sofía Vergara, con ese pelazo por la cintura y con suerte me lo dejará a la altura del hombro.