Archivo del Autor: eldiariodesensi

¿Tengo cara de inglesa?

Estándar

Lanzo esta pregunta al aire, porque no es la primera vez que me confunden con una inglesa y la verdad no lo entiendo.

No hace mucho entré en un bar a pedir una cocacola y el camarero me dijo: ¿eres extranjera? Lo increíble es que me lo dijo después de oírme hablar, yo ya no entiendo nada.

En otra ocasión, cuando no existían los móviles, hace ya bastante tiempo, lo se, entré en un bar y pregunté sin tenían teléfono. Pues más de lo mismo, el camarero me mira con cara de no entender lo que le digo y me pregunta que si soy inglesa.

Hoy me ha vuelto a pasar en el gimnasio. Puede que la cara roja que se me pone cuando hago ejercicio, contribuya a la confusión. Aquí te dejo el video, júzgalo tu mismo.

¿De verdad parezco inglesa?

Anuncios

¿Crees en las cremas milagrosas?

Estándar

Hoy os traigo un video donde os hablo de las cremas milagrosas.

¿Eres de los que se deja engañar por la publicidad y sucumbe a ellas? o ¿eres de los que no se echan crema aunque lo torturen?

Si quieres saber qué opino yo al respecto, tendrás que darle al play, aunque imagino que ya tendrás una ligera idea de mi manera de pensar y actuar.

Cama elástica – La croqueta voladora

Estándar

Aunque no siempre cumplo con los objetivos que me fijo, en este caso no podía fallar. Dije que tenía intención de dar una voltereta en la cama elástica y que lo compartiría con todos vosotros, y eso he hecho.

Realmente no es una voltereta propiamente dicha, creo que se parece más a una croqueta voladora. En una voltereta convencional, despegas del suelo, realizas la pirueta y vuelves a caer en el mismo sitio. En mi caso la cosa no ha sido así, pero no me quito mérito, porque lanzarse al vacío tiene su miga, la mente te manda mensajes de aviso, de cobardía y te recomienda que no lo hagas. Y ahí estás tú, luchando con la mente y ordenando al cuerpo que haga algo que no quiere hacer.

Así que al margen del resultado, el logro en sí es el haber superado el miedo y haber sido capaz de volar en el aire.

Sin más dilación, os presento la croqueta voladora.

 

Mamá, quiero ser artista

Estándar

Si pensais que se me ha ido la cabeza del todo, estáis en lo cierto. Os cuento mi última locura.

Hace ya un tiempo, alguien compartió un enlace sobre vibuk, una página que actúa de mediadora entre empresas que buscan talento y personas que ofrecen su talento. Pues bien, en la página tienen cabida profesionales y aficionados. Entonces pensé, bueno, yo soy aficionada y si me apunto a esta página no estoy engañando a nadie, no me estoy haciendo pasar por lo que no soy.

Así que ni corta ni perezosa, me registré. Estoy casi totalmente convencida de que no me van a llamar en la vida, pero esto es como cuando compras un décimo de lotería, que sabes que es casi imposible que te toque, pero siempre queda un rayito de esperanza en lo más profundo de tu corazón. Piensas, ¿y si si?

En la zona de usuario donde registras todos tus datos, hay una sección para que incluyas un videobook, un video resumen de todas tus habilidades. Pues bien, acabo de hacer el mío, no será por falta de material. Es cierto que mis videos son muy caseros, pero no hay que olvidar que soy una aficionada, que quede claro.

Alguien puede pensar que toda la formación académica que llevo a mis espaldas, no sirve de nada si lo que quiero ahora es dedicarme al artisteo, pero no es cierto, todos los conocimientos tienen su aplicación. Por ejemplo, el máster de diseño gráfico me sirve para hacer portadas con letras elegantes, la edición de ortofotos cuando trabajaba en ingeniería, me sirve para retocar las fotos que me hago cuando poso, el curso de After Effects es muy útil ahora para animar los videos, retocar el sonido y hacer el montaje. En fin, que nada cae en saco roto, en la vida todo suma.

Me encanta ser autosuficiente. Si por mi fuera, sería la directora, el técnico de sonido, el montador, la presentadora, el cámara y el productor. No porque me guste trabajar como a un tonto, sino porque me gusta estar implicada en todos los procesos.

Si tenéis curiosidad por ver mi perfil en vibuk, os dejo el enlace:

Después ponéis “Asunción” en el buscador y apareceré

Sin mas dilación, os presento mi videobook

Otoño. Look-97. Superposiciones

Estándar

Las superposiciones, cuando hablamos de ropa, básicamente sirven para crear un efecto visual de contraste. A veces tienen sentido, como puede ser llevar una camiseta ajustada y otra bien holgada encima. Pero otras veces, los diseñadores se empeñan en sugerir superposiciones absurdas, como pretender que nos pongamos un jersey de lana bien gordo, de esos con cuello enorme y mangas largas, con un abrigo estrecho y ajustado por encima.

A lo mejor, para el momento de la foto el efecto visual sería atractivo, no digo yo que no, pero práctico, lo que se dice práctico, no es. Yo alguna vez he intentado ponerme un abrigo normal encima de un jersey extragrande y ha sido imposible, porque para un jersey extragrande, se necesita un abrigo extragrande. No nos engañemos, los jerseys enormes solo quedan bien en las películas. Ella en el sofá, con una taza de café recién hecho, con las piernas entrelazadas, mirada perdida, el jersey enorme que le cubre hasta las rodillas, las margas largas escondiendo sus manos y unos calcetines suaves y calentitos enrollados en el tobillo.

La estampa es ideal, pero si lo que quieres es salir a comprar el pan cuando en la calle hace un frío de muerte, este jersey maravilloso ya no te vale, porque es gordo pero no lo sufiente como para librarte del frío. Total, que solo deberían vender ese tipo de jerseys a las protagonistas de películas románticas y punto pelota y dejar de engañar al personal.

Yo no escarmiento, tengo un par de jerseys XXL, aquí puedes ver uno de ellos. Cuando salgo de casa con ellos, paso más frío que un tonto, eso si, cuando entro en cualquier parte, metro, tienda, etc, no puedo ni respirar del calor que pega. Conclusión, no sirven para nada y son herramientas de tortura.

¿Tu también eres de los que te torturas aposta?, ¿te pones una camisa ajustada con un jersey fino ajustado y luego no te puedes ni mover?, venga, suéltalo.

A juego

Estándar

¿A quién no le gusta tener un juego de café o un juego de cubiertos o coleccionar los vasos de Nocilla?

No se qué nos pasa con lo de tener las cosas a juego. Vas a una tienda y en cuanto te disponen una serie de artículos haciendo juego, te entra enseguida por los ojos. No es lo mismo ver un vaso naranja, solo, sin amigos, que ver el vaso naranja con su amigo el plato, también naranja, el frutero, la jarra, la bandeja, el servilletero y el resto de la familia. Piensas, ¿qué voy a hacer con un vaso naranja?, pero si te llevas todo el escaparate parece que ese pobre vaso cobra sentido.

Reconozco que soy de las que tiene que reprimirse constantemente para no llevarse la tienda entera a casa. Antes de comprar masivamente hay que pararse a pensar fríamente ¿Realmente necesito todas esas cosas?, ¿acaso el naranja hace juego con el resto de accesorios que tengo en casa?, ¿no?, pues entonces suelta ya el vaso de las narices y sigue tu camino, que tu venías a por un paño de cocina y ahora resulta que quieres renovar todo el menaje del hogar.

No se si este tipo de cosas es exclusivo de mujeres o a los hombres también les ocurre, no he tenido nunca un debate en este sentido con ninguno. La única referencia que tengo es mi amantísimo y desde luego él no se fija en ese tipo de cosas, busca que sea práctico, mientras que yo busco que sea también mono.

La última vez que un escaparate me cautivó, me sucedió con estas tazas de café. Es cierto que llevaba tiempo buscando un juego de tazas algo más grandes de las que tengo ahora. Las de ahora son tan minis, que solo entra un cafe expreso y olvídate de echarle un poco de leche o incluso azúcar, porque enseguida se desborda. No es la primera vez que he servido a mis invitados unos cafés imposibles de beber, con el líquido al borde de romper su tensión superficial, y ya sabemos qué pasa cuando cualquier movimiento rompe ese límite, el café sale sin mesura, como en una cascada.

Pues bien, eso se acabó, con mi nuevo juego reluciente de tazas, tengo el problema resuelto.

Pero claro, no tenía sentido comprar dos tazas verdes o una amarilla, el cuerpo me pedía comprar todos los colores disponibles, y eso hice, compré dos de cada.

Todavía no he podido deleitar a mis invitados con este estupendo juego de café, así que mientras ese día llega, cada día elijo un color. Hoy el amarillo, mañana el verde, al otro el rojo, y ese simple gesto, me proporciona un pequeño momento de placer. Admiro mi taza y me siento satisfecha. Solo por eso, creo que en esta ocasión, comprar a juego a merecido la pena.

¿Y tú?, ¿eres un loco de las colecciones?, ¿o eres de los que tienes cada vaso de su padre y de su madre?, venga, suéltalo.

Otoño. Look-96. Rizos

Estándar

La verdad es que viendo esta foto, parece hecha en los años 80, con ese color amarillento tan característico de aquella época.

No penséis que le puse un filtro, simplemente hice la foto con el sol incidiendo a toda pastilla en la cámara del móvil. Podía haber esperado a que no diese el sol, o buscar otro sitio con sombra, podía, pero no lo hice.

Imagino que habréis notado, que esa pared gris, se ha convertido en mi nuevo escenario para los posados. Atrás quedaron el colocar toallas blancas sobre la puerta y recortar cada imagen para quitar el fondo marrón de la puerta.

Si no sabéis de lo que os hablo, pinchad aquí.

Ahora aprovecho la luz natural de la mañana, mucho mejor. Lo que no se es qué haré cuando empiece el frío y tenga que posar en manga de camisa al fresco. Bueno, ya lo pensaré, tampoco se si seguiré con la misma tontería cuando llegue el invierno, con suerte estaré dedicada a algo más productivo.

Centrándonos en el look en cuestión, lo que más me llama la atención es el pelo, ese rizo a lo Eva Nasarre, o si queremos algo más glamuroso, a lo Flashdance. Casi que me quedo con esta última comparación.

Hablando de Flashdance, el otro día fui a una clase de prueba de danza moderna. No se qué esperaba encontrarme allí, pero conociéndome, seguro que ya me veía como la protagonista de la película que os comento ¿Y qué pasó en esa clase de prueba?, pues te lo puedes imaginar. Llegó la profesora, una mujer con cuerpo de bailarina que comenzó a enseñarnos unos pasos de baile y no dos ni tres pasos, no que va, como cien pasos distintos, con una elegancia propia de una bailarina.

Cuando tocó el turno de reproducir aquellos maravillosos pasos de baile al son de una música moderna, la escena fue de lo más patética. Lo único que conseguí, fue ir a derecha o a izquierda, adelante o atrás, pero por supuesto, mis movimientos no se parecieron ni lo más mínimo a los de la profesora. Un pato mareao es lo que era, que digo un pato mareao, un pato mareao con la pata coja.

En fin, que muchas veces, con querer no es suficiente. Los pasos de baile necesitan de su técnica, de años de ensayo y no basta con querer mover la pierna con elegancia, porque aunque tú se lo ordenas, ella no hace ningún caso, va hacia el lado que le indicas, si, pero de elegancia nada de nada. Así que mi aventura en la danza moderna terminó justo antes de empezar.

Seguiré con las clases de zumba, pasos sencillos con muchas repeticiones que te hacen sudar como una cerda y que no requieren de demasiado glamour.

  • ¡Vamos chicas!, y uno dos tres cuatro, cinco seis siete y ocho. Con elegancia
  • Eso intento, no te fastidia