Verano. Look-78. Zapatos blancos

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Aquí os traigo el modelito que me inspiró para marcarme el baile. Con estos zapatos me siento ligera y me dan ese toque masculino que tanto me gusta.

No se por qué me gustan tanto los zapatos masculinos, estos concretamente me recuerdan a Fred Astaire y a sus maravillosos bailes, deslizándose por la pista sin ninguna dificultad. ¡Cómo me gustaría bailar como él!, me lo imagino impecable con su sombrero y su bastón.

Acabo de hacer una búsqueda en internet para ver alguna imagen suya y tiene algunas increíbles, estaba hecho todo un acróbata, ahora me gusta todavía más.

Se perfectamente a qué se debió su éxito, fue todo gracias a los zapatos. Sus zapatos debieron ser maravillosos, blancos o negros, brillantes y con mucho estilo.

Los zapatos dicen mucho de las personas, no se si lo sabéis. Yo saco muchas conclusiones solo observando zapatos, así que ten mucho cuidado con lo que te pones en los pies cuando quedes conmigo, porque te haré un análisis psicológico en un momentito.

Cuando voy en el metro, uno de mis entretenimientos favoritos si no llevo un libro entre manos, es observar zapatos. Como andamos siempre con la cabeza gacha para no tener que cruzar miradas incómodas, he utilizado esta circunstancia para sacarle algún provecho.

“Eva, dile a la Esme que ella será escuchanta, pero que yo soy psicóloga zapatera”.

Zapatos clásicos, modernos, cómodos, sofisticados, anticuados, nuevos, todos tienen una historia que contar. Dicen que la mirada es el espejo del alma, pero los zapatos no se quedan atrás. No cuentan historias tan profundas pero chivatean mucho.

Por eso, cuando elijo lo que me voy a poner cada día, los zapatos son esenciales, son los que determinan el look. Un ejemplo, unos vaqueros y una camiseta. Con unas zapatillas blancas eres la turista perfecta, transmites dinamismo, te sientes activa, subes y bajas escaleras como el rayo que mata y estás dispuesta a cualquier cosa.

Ahora cambia las zapatillas por unos zapatos de tacón, de los que son muy estrechos por delante y los dedillos se pelean por conseguir un buen sitio, de repente te has convertido en una ejecutiva moderna que va a una reunión de proveedores en unos almacenes situados en un polígono industrial. Nada que ver. Y eso lo han hecho los zapatos. Ya te digo yo que los zapatos son poderosos. Seguro que ahora meditas más sobre el tema.

Ya se lo que estás pensando, “a esta mujer se le ha ido la cabeza”. Pues no te voy a llevar la contraria pero, ¿acaso estamos todos cuerdos?.

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  1. Yo cuando quede contigo iré descalzo, así que a ver que psicoanalizas por los zapatos… 😛 Y quedaremos en un parque, por si acaso 😉 A mí si no me dices que son masculinos no me doy ni cuenta. Me había fijado más en las pulseras a juego con la cuerda del bolso. Y en tu sonrisa, que cuando la luces mejora mucho la foto. Besitos!

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  2. Yo creo que por mucho que te pongas un zapato de marca o de mercadillo para nada puede decir en que estado mental esta una persona o como es en general, a veces las mentes más privilegiadas andaban descalzas por el mundo.

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    • En ningún momento he hablado del valor del zapato. No llevar zapatos también es una manera de expresarse.
      De todas formas, imagino que sabéis que tiendo a llevarlo todo al extremo. No solo dicen algo de ti los zapatos, también la ropa que lleves, la expresión de tu cara, cómo mueves las manos, de qué manera te expresas, en fin, somos la suma de todo.

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  3. Sensi, maja, lo primero decirte que me ha hecho mucha ilusión que me hables desde el post, lo segundo que yo también me fijo mucho en los zapatos de la gente y sí que creo que dicen bastante de nosotros y en tercero que a mí también me encanta como baila Fred Astaire. Aunque nuestros flamencos no tienen nada que envidiarle cuando se marcan un buen zapateao.
    Solo le veo una pega a la psicología zapatil, que a veces uno no puede ponerse los zapatos que le gustaría llevar porque le duelen los pies. A la Esme le pasa, es la edad.

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    • Los bailaores de flamenco lo hacen muy bien, pero lo que expresan es fuerza, genio, como si quisieran sacar todo lo que llevan dentro y cuando veo al amigo Fred solo veo sutileza, libertad, elegancia, armonía, en fin, que cada baile dice cosas distintas
      Eva, ya estás dentro de mi mundo bloguero, tu y muchos más, rectifico, algunos más, que tampoco me muevo en una comunidad tan grande. El mundo bloguero me recuerda a una comunidad de vecinos, donde cada uno hace en su casa lo que cree conveniente, pero que intercambian impresiones en la escalera o en el rellano del ascensor. Vecinos bien avenidos, se entiende. Es mucho mejor que ver una serie que te gusta, porque puedes interactuar.
      Y en cuanto a la Esme, me estás dando la razón, sus zapatos hablan de su edad y de sus dolencias.
      Un beso Eva.

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  4. Me parece que aquí no hay nadie cuerdo, yo en lugar de fijarme en los zapatos (que también) me fijo en las narices de la gente, ya ves tú que cosas. ¿Para cuando un adelanto de la moda otoño-invierno?.

    PD. Ahora me explico lo de la cama elástica 🙂

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  5. Estás guapísima, con zapatos y sin ellos, pero realmente me encantan esos blancos que te has puesto. Estoy de acuerdo contigo, el zapato distingue el momento en el que vas actuar y el ejemplo que has puesto es perfecto.
    Y sobre Fred Astaire que te voy a decir, con alguna diferencia mi marido era un Fred Astaire, fino y elegante en todos sus pasos…
    Como siempre, un gusto leer tus entradas siempre tan dinámicas.
    Besitos.

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    • ¡Qué suerte haber tenido tu propio Fred!. Tu no te quedas atrás, lo tuyo es la elegancia natural.
      Lo que no entiendo es en qué parte del genoma humano femenino está la obsesión por lo zapatos, será cultural o viene de serie?. Que se den prisa los científicos que tienen muchos enigmas que descifrar.
      Un beso Elda.

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  6. ¡Qué miedito! Aunque parece divertido, así que cualquier día de estos te enviaré una foto de mis zapatos para que me zapatanalices.
    Yo no soy de fijarme mucho, a no ser que el conjunto o los zapatos que lleve la persona sean estilo remordimiento y clamen al cielo. Entonces uso la preposición “de” :D, aunque disimuladamente.

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