Archivos Mensuales: junio 2015

Cómo guardar una sandía en el frigorífico.

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Ultimamente siempre guardo las sandías de la misma manera en el frigorífico. Seguramente no te voy  descubrir nada nuevo, pero por si acaso, voy a compartir contigo mi estupendo método.

Primero, cortamos la sandía por la mitad. Hasta aquí todo normal, muy típico.

Segundo, cada mitad la partimos en 3 partes iguales, en ángulos de 120 grados. No es preciso coger un transportador que ya te veo venir. Prácticamente está marcado en la sandía, solo hay que seguir las betas, así que pan comido.

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Tercero, cogemos cada trozo y le quitamos la corteza. No separes la carne de la corteza, déjala tal cual.

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Cuarto, hacemos cortes transversales, de un lado a otro, recorriendo toda la sandía, como si cortásemos el pan en rebanadas.

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Quinto, realizamos la misma operación pero en sentido perpendicular, para que la sandía quede cortada en cuadrados.

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Sexto, volcamos la sandía en un tupper para conservar en el frigo. Seguramente te harán falta unos cuantos, todo dependerá del tamaño de la sandía y del tamaño de tus tuppers.

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Y por último, lo guardamos en el frigo.

sandia_7Cuando te apetezca un poco de sandía, solo necesitarás un tenedor. No te mancharás, no ensuciarás nada, lo podrás repartir cómodamente entre los miembros de tu familia y te la comerás sin sentir.

Desde que lo hago así, nos comemos una sandía en un solo día, (mira que pareado). Aunque bien pensado, este método es pura ruina, no voy a ganar para comprar sandías.

La de hoy pesaba 12 kilos, acabaremos con ella hoy?, seguro.

Cuál es tu método?, eres fan del film transparente?, cortas lo que te vas a comer en cada momento?, odias la sandía?.

La diversión no tiene edad.

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saltoHe tenido la ocasión de saltar en una cama elástica. Empecé tímidamente y al final no había quién me bajara. Ha sido muy divertido y se lo recomiendo a todo el mundo.

Sentirse como un niño es una gran experiencia.

Y para que disfrutéis tanto como yo, he preparado el siguiente video. No me canso de verlo. Está grabado a cámara lenta. Me he sentido la protagonista de un anuncio o una película romántica.

         

Primavera. Look-74. A rayas

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Dicen que las rayas horizontales engordan y que no son nada recomendables. Pues me parece muy bien, pero yo me compré este vestido porque me dio la gana y poco me importó esas sabias recomendaciones.

Yo creo que realmente las revistas de moda son revistas de humor. Nos cuentan unos chistes buenísimos. Como por ejemplo llevar jerséis de cuello vuelto enseñando el ombligo o sandalias recubiertas de pelo o camisetas de lana. Está claro que los diseñadores quieren llamar la atención y lo consiguen. Yo me río bastante y saco mi lado más crítico en plan maruja. Uy, uy, uy, uy, mira, mira, mira, que horror, anda ya, si, seguro me voy a poner eso, pero si es feísimo, le queda fatal a la modelo, o sea que a mi ni te cuento, pues no se cuántos venderán pero yo no lo pienso comprar.

Y así hasta que termino la revista. Leí una vez una opinión que hablaba de las personas que leían este tipo de revistas de moda, por lo visto corrían el riesgo de quedarse con el seso comido. No estoy de acuerdo. Yo las leo, y no tengo el seso comido. No hace falta que hagas ningún comentario al respecto, punto en boca. Estoy muy cuerda y nadie sospecharía que me gustan este tipo de revista. Punto en boca otra vez.

No por ver una película violenta me convierto en una asesina, no por ver un concierto de rock me voy a poner piercing. Creo que las personas somos un poquito más complicadas.

Y dicho esto, una más de mis profundas reflexiones, vamos a pasar a comentar el modelito de hoy. Lo podía haber titulado, “vamos a la playa”, porque todo el mundo sabe que las rayas blancas y azules son marineras. Esta feo que yo lo diga, pero este vestido es monísimo de la muerte. Hace unos años no podría haberme puesto un vestido así, tan ajustado, pero digo yo que el tiempo de gimnasio ha servido de algo.

Hay que tener en cuenta que es un vestido mañanero, porque si te lo pones por la tarde, después de comer, no te queda igual. Tu barriga ya no tiene la misma firmeza que antaño y después de comer se expande de mala manera, hasta parecer que estás embarazada de 5 meses. No estoy exagerando, es una realidad como un demonio. Pero si tenemos este tipo de precauciones, todo irá bien.

Este vestido no acaba de transportarme al yate, está queriendo, pero no. Le falta ese aire chulesco, a lo mejor unas gafas de sol, no se, el caso es que así no me veo sentada en la cubierta del yate. Más bien sería una turista que está paseando por el puerto deportivo, admirando las embarcaciones y haciéndose fotos con cada barco.

Esto me recuerda a la última vez que fui al puerto deportivo de Marbella, a Puerto Banus. Aquello era un escaparate de chicas muy arregladas y niñatos y no tan niñatos exhibiendo sus deportivos. Mas bien parecía un mercado de carne, todo expuesto en los mostradores. Los coches rugían y los dueños se apoyaban en ellos, como diciendo, aquí estoy yo y este es mi nene. Como espectadora no estuvo mal, pero no me veo formando parte de ese circo.

En un momento dado, me quedé en el puerto, esperando a que mi amantísimo se acercara con el coche para seguir nuestra ruta turística. Andaba ensimismada con el espectáculo cuando de repente oí un motor rugiendo detrás de mi, ruuuum, ruuuum, ruuuuuum, me di la vuelta esperando ver otro flamante deportivo y apareció nuestro discreto Opel blanco de alquiler. Está claro que para hacer rugir un motor no hace falta un Ferrari.

Bueno, aquí os dejo que creo que un cochazo me espera, ruuuuuum, ruuuuuuum.

Primavera. Look-73. Enlazando

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Vaya postura, un poco más y me troncho. Esta es la tercera falda que tengo tableada y con el mismo largo. Las tres son del mismo año. Ya lo se, cuando me da por algo puedo ser muy cansina. Pero toda la culpa no es mía, a veces, aunque quieras comprarte otra cosa solo puedes llevarte lo que te venden en la tienda, no hay más opciones. Ese año fue el de las faldas por debajo de la rodilla, hace aproximadamente unos 12 años. Lo recuerdo como si fuera ayer.

Así empiezan muchas películas, aparece una señora mayor, sentada en su mecedora, contando una historia. La película es en color y cuando el director nos quiere transportar a aquella época, empieza la escena en blanco y negro y poco a poco se va coloreando. Este tipo de películas me suelen gustar. A veces, el director decide utilizar diferentes actores para las escenas que transcurren en el pasado, pero en otras ocasiones, poco acertadas tengo que decir, se le ocurre la genial idea de envejecer a los protagonistas. La cosa queda bastante patética.

Recuerdo una película en la que aparecía Mel Gibson envejecido, con una rebequilla de abuelo, un bastón y unas gafas. Imagino que el director quedó muy satisfecho con el resultado, pero yo todavía me estoy reponiendo de la escena. No sabía si reírme o llorar, penoso de verdad.

En la última de Titanic a nadie se le ocurrió envejecer a Kate Winslet para que hiciera el papel de viejecita, apañaron a una señora encantadora que hizo muy bien su papel, y todos lo agradecimos.

Normalmente, cuando regresan al pasado nos transportan a los años 30 0 40. Ahora mismo me estoy acordando de la película “Tomates verdes fritos”. Otra viejecita contando una historia. Uy, en esta si que lloré, qué ancianita más entrañable!

Pues justo eso me gustaría poder hacer a mi, contar alguna historia de mi infancia y que de repente todo se volviera blanco y negro, y el espectador pudiera estar allí, viéndolo todo a través de una pantalla. También me gustaría hacer un video musical, no tiene nada que ver con lo que estoy contando, pero ahí lo suelto. No cantando yo, si no haciendo playback. Me encantan los videos musicales en los que el cantante va andando por la calle, medio bailando, y la gente ni lo mira, como si el hombre no estuviera allí, un poco como Pharrell Williams en Happy. Cosas que me vienen a la cabeza.

Vuelta al pasado.

Era el 17 de mayo 1.981, el día de mi Comunión. Me regalaron un diario y yo lo estrené escribiendo estas palabras:

“Hoy es el día de mi Comunión, el día más feliz de mi vida”.

Vaya sarta de mentiras. Lo escribí porque era lo que el cura te decía, que era un día muy importante y que tal y que cual.  Se ve que me caló hondo porque fue justo lo primero que escribí en ese diario.

Como nunca he sido de escribir sentimientos, utilicé el diario para relatar lo que acontecía en casa. Qué hacía mi madre, qué hacía mi padre, qué hacían mis hermanas mayores y qué hacía mi hermano pequeño. Para que os hagáis una idea de la profundidad de los escritos os voy a copiar un pequeño fragmento.

“Mi hermano va a mamá quejándose de que tiene una pupa en la ceja. Mamá le pregunta que si ha sido él el que se ha dado con la regla y le dice que abra la boca. Mamá dice que él se ha dado con la regla porque se lo nota en los dientes y mi hermano dice que se va a chivar a papá.”

Toda una revelación. Menos mal que me harté pronto del diario y solo rellené unas 20 páginas.

En fin, volviendo al presente, creo que en este diario ya llevo más de 20 páginas. Sigo relatando todo lo que veo o pasa a mi alrededor y de profundidades, nada de nada.

Gracias por estar ahí.

Me cuesta, no me cuesta.

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Seguro que todos tenéis en mente una lista de tareas que os cuesta trabajo hacer y otras que hacéis sin dificultad.

Hoy me he parado a pensar en todas esas cosas que me cuestan y en las que no me cuestan, con el fin de sacar alguna conclusión al respecto.

Esta mañana, ni corta ni perezosa, me he dedicado a cambiar toda la silicona de la ducha del baño. Se había deteriorado con el agua y tenía partes ennegrecidas. Probablemente haya tardado 3 horas en realizar el trabajo pero no me ha costado nada. He cogido mis herramientas, me he tirado por el suelo, he rebañado bien la silicona mugrienta, he comprado un bote de silicona reluciente en la ferretería y la he puesto con mucho esmero y con mucho mimo. Me ha quedado divina de la muerte.

Ha llegado la hora de comer y he ido al Mc Donald y he comprado unas hamburguesas.

Pero cómo puedo ser así?, qué me impide ser una persona normal y hacer un huevo frito o un filete a la plancha o un pescado rebozado?. Pues no hay manera, es ver una sartén y se me ponen los pelos de punta. Muchos creen que mi fobia a la cocina se debe a que no he dado con la receta correcta. Con toda su buena voluntad me sugieren platos muy sencillos. Señores, se hacer lentejas, pollo empanado, pescado a la plancha, cremas, cocidos, macarrones por supuesto y alguna cosa más por ahí habrá, pero no me gusta nada de nada, cero pelotero, menos que cero, menos 40. Y por qué?, acaso tuve algún trauma infantil?, alguien me asustó con una sartén y ahora tengo pesadillas con ellas?. Por más que le intento buscar una explicación razonable, no soy capaz de encontrarla.

Qué puedo tardar en freír un huevo, 1 minuto?, frente a 3 horas de poner silicona. Pues dame a elegir y eligiré la silicona.

Por Dios, hay algún psicólogo en la sala?

Es curioso como siempre que saco el tema la gente termina hablándome de comida, de recetas, de guisos. Suficiente para que digas que no te gusta algo para que todo el mundo te hable de ello. Otros concluyen, necesitas un robot de cocina. Pues ya lo tengo. Necesitas una plancha para no ensuciar mucho y la comida es muy sana, pues ya la tengo. Al horno sale todo muy bueno y es muy sencillo. Que si, que tengo horno y microondas, que no es por eso.

Hace tiempo que me acepté como era, con mis defectos. No hay que nadar contra corriente, solo hay que dejarse llevar.

Pero claro, siendo mujer y siendo madre de 3 hijos, decir que no te gusta cocinar es mentar al diablo, cometer sacrilegio. ¡Pero si yo no soy creyente!.

La cocina está sin duda en mi lista de me cuesta, pero tengo más cosas en la lista.

No me cuesta meter los platos sucios en el lavavajillas, quitar los restos, darles un agua, colocarlos dentro, pero me cuesta sacarlo todo una vez limpio. Señores, por qué?, pero si es menos trabajo sacar que meter, pues así es. Ves que la luz del lavavajillas te indica que ha terminado el programa y sabes que toca sacar los platos, pero piensas, luego lo hago, después de yo que se qué. Lo dejas pasar y entonces, cuando se te ha olvidado, pretendes meter un vaso sucio y cuando abres la puerta del lavavajillas….horror, todavía sigue todo dentro!!. Miras al lavavajillas con odio, como diciendo, por qué no te has vaciado ya?, tanto te cuesta colocar las cosas en su sitio?.

Pongamos otro ejemplo, no me cuesta poner la mesa y quitarla me cuesta horrores. Poner la mesa tiene su componente placentero y es que vas a comer en breve. El mantel está limpio, los platos bien colocados, los cubiertos en su sitio, cada comensal con su servilleta, qué mesa más bonita me ha quedado!. Pero ay amigo, cuando toca quitarla lo único que ves son migas, trozos de comida por el mantel, más migas en el suelo y trocillos de pan mordisqueados por toda la mesa. A eso hay que añadirle que te has desabrochado el botón del pantalón porque estás llena y lo que te apetece es tumbarte en el sofá. A quién le va a gustar quitar la mesa en estas condiciones?, pues a mi no.

Y tu?, cómo lo llevas?, necesitas un psicólogo?, vamos a medias?.

Primavera. Look-72. Remangada

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No se ni por dónde empezar, tengo muchas cosas en la cabeza. Primero, por qué se dice que llevas los pantalones remangados si no son mangas?. Por qué no empieza ya el verano y dejo de escribir Primavera. Look-x?. Por qué cuando me gusta una pose la repito tanto hasta que me aburro de verme igual?. Preguntas sin respuesta, ya lo se, como el origen del universo.

Estoy muy contenta con el look de hoy, no porque me siente mejor que otros, ni porque me vea más guapa, simplemente porque me transporta. Hacía días que no viajaba a ninguna parte a costa del look, pero hoy es que no paro. Me miro al espejo y ya estoy en los años 50, todos esos chicos con los pantalones acortados con su doblez. Con los tirantes no se si pertenezco a una banda de capos de la mafia italiana o a un joven aprendiz de periodista, no lo tengo muy claro, pero un chico seguro.

Mira que me gustan los looks masculinos, no me siento masculina, pero es ponerme unos zapatos tipo oxford, como los que llevo y es que me cambia hasta la manera de andar. Si, son de mi talla, no es por eso.

Total, que me transporto a tantos sitios distintos que eso me hace estar viva y feliz.

Este look pertenece a un chico joven, de unos 20 años que acaba de llegar a la gran ciudad. Estamos en norteamérica. Viene de un pueblecito pequeño y le ha costado despedirse de su madre que le ha deseado lo mejor. Entra en un periódico para trabajar como repartidor. Va con su bicicleta, repartiendo el periódico todas las mañanas y después de su ronda, vuelve al periódico donde aprende de los mejores periodistas. Es muy avispado y en seguida coge la dinámica de la redacción. Un día pasa a máquina unas notas, otro día colabora en un artículo, hasta que el redactor jefe le da su gran oportunidad, escribir en una columna sobre las amas de casa. Vaya porquería de columna!, piensa él, pero gracias a esa columna conoce a Emma, una chica joven y guapa que lleva dos años en el periódico y que está muy enfadada porque le han dado su columna al novato.

Aquí yo veo llama, te odio pero en un par de meses de deseo a rabiar, esto se ve venir. Qué bonito, creo que me voy a hacer unas palomitas y me quedo a ver cómo termina.

Claro que si el look pertenece al sobrino de Jhonny, el jefe de la mafia italiana, la cosa cambia. Vive en los suburbios de Chicago. El chaval es muy buen estudiante pero en cuanto cumple los 18 su tío le obliga a incorporarse a la empresa familiar, o sea, al crimen. Aquí no hay chica?, pues claro que la hay, Sally, su compañera de clase. La conoce desde que eran niños y siempre se han llevado muy bien. Pero ahora, todo ha cambiado, su relación se ha distanciado. Sally es hija del capitán de la comisaría de policía. Mal asunto. Este chaval va a pasar muchas penurias, ya lo veo yo. Te cuento el final?, no, eso no se hace, ahora dicen que a eso se le llama spoiler, cuando toda la vida ha sido destripar el final o reventar o simplemente desvelar.

  • – No se dice desvelar que eso es de catetos, se dice spoiler.
  • – A vale.

Pues como te decía, no voy a desvelar el final. Termina bien, eso si, porque tratándose de una historia de las mías, no podría ser de otra manera.

Y hasta aquí los viajes de hoy. Esta vez han sido dos viajes por el precio de uno!!!.

Libro. Jesús me quiere de David Safier.

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Jesus_me_quierePues ya me he terminado el libro. Y diréis, y a mí qué me cuentas. Pues si te lo cuento, porque si no te lo cuento a ti, a quién se lo voy a decir, a Pincher?. También se lo he dicho, pero no se si me ha entendido porque me ha mirado con la misma cara de siempre.

Vamos a dejar en paz al perro que ni sabe leer ni es crítico de novelas.

El título ya es bastante sugerente. No me he hecho creyente de repente y no es un libro de ninguna secta.

El autor del libro según nos cuenta la contraportada ha escrito otros libros de éxito, pues mira que bien, es bueno saberlo, yo como siempre nunca tengo ni idea de la trayectoria de los escritores.

Al principio no me estaba gustando mucho porque es el típico libro que quiere hacer gracia desde el principio, así de sopetón, sin haber empatizado todavía con los personajes, y a mi siempre me hace más gracia la gracia no intencionada. La protagonista es bastante quejicosa, se queja por todo, de su aspecto, de su trabajo, de su vida, de sus novios, vamos, que es muy de penurias. Pero le he dado una oportunidad y la cosa ha ido mejorando. La chica tiene algunas frases muy acertadas que te hacen reír si o si. Al final no era tan  petarda como pensábamos y termina cayéndote bien.

La historia es muy sencilla, Jesús viene a la Tierra para librar el Juicio Final y conoce a Marie, nuestra protagonista. Marie es bastante crítica con todo lo relacionado con la iglesia, Dios, y los planes de Dios.

En fin, que se producen situaciones absurdas y cómicas.

El final no es de los que yo llamo redondo, es previsible pero aceptable.

Concluyendo, si eres capaz de reírte de situaciones y temas relacionados con la religión que desde mi punto de vista no faltan al respeto, este es tu libro. Si te ofende solo la idea, pues no te lo leas.

A mi me ha gustado, me ha entretenido y me he reído, aunque me ha faltado el suspirito al cerrarlo, pero claro, no todos los libros me van a dejar la misma huella.

Le doy las gracias a mi amiga por habérmelo prestado y ya estoy ansiosa por leer el siguiente. Qué morro tengo, ni compro ni nada, así da gusto.