Libro. Entre limones. Chris Stewart

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entre_limonesAcabo de terminar este libro, “Entre limones” de Chris Stewart.

Que quién es este señor?, pues espérate que lo leo en el libro.  Un excomponente de la banda musical Genesis, el batería de su primer álbum.

Este hombre, después de danzar por la vida, se le ocurre comprar un cortijo en la Alpujarra granadina junto con su mujer.

El libro es un relato de su vida desde que llegó a la Alpujarra.  Nos cuenta cómo los habitantes de la zona poco a poco lo van aceptando hasta formar parte de la comunidad.

El libro cumple con todos los requisitos necesarios para ser un libro de mi agrado. Utiliza un lenguaje cercano, es muy ameno, fácil de leer y tiene mucho sentido del humor.

Me he reído a carcajada limpia. Me ha sorprendido que este libro haya sido escrito por un inglés y que me haya hecho gracia. Parece que el humor es internacional. Como lo he ido leyendo en el metro, me he sorprendido riendo en mitad del vagón, con ganas de compartir mi dicha con cualquier viajero. No podía esconder la cara de boba que se me quedaba después de la carcajada. Yo creo que la gente me miraba con desaprobación o con curiosidad, no lo se a ciencia cierta, porque no me atrevía a mirar a mi alrededor por miedo a cruzarme con miradas inquisitivas.

El final no me ha decepcionado en absoluto, me ha dejado un buen sabor de boca. Lo he disfrutado muchísimo y he sentido pena cuando lo he acabado.

Así que solo puedo decir que muchísimas gracias a la amiga que me lo prestó, porque dio en el clavo y que se lo recomiendo a todo el mundo.

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  1. Algo tendrá la Alpujarra para los ingleses, pues un tal Gerald Brennan pasó allí sus últimos años (Carlos Cano dejó constancia musical).

    La exteriorización de las emociones mientras se lee un libro me condujo, hace años, a dos cosas. Una, a interesarme por “La sonrisa etrusca”. Otra, a enamorarme secretamente de la muchacha que iba leyéndola en el Metro, en Madrid.

    La novela, en fin, tiene su aquél. (Incluso escribí un ensayo sobre ella, titulado “Tratamiento y cura de la intransigencia”, que se conserva en la Biblioteca Nacional, sede de Alcalá.) Sin embargo, nada que ver con la gracilidad faunística de aquella muchacha, de la que nunca supe nada excepto la parada donde se bajó y los 500 metros que la seguí antes de parecer un delincuente.

    Me quedó la idea de que todo enamorado es un merodeador.

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    • Extraña manera de cortejar a una chica. Podías haber probado un, ¡Hola, qué libro más interesante!, en lugar de seguirla, pero es solo una idea. Cuando me cruzo con las personas en el metro también me invade la curiosidad. De algunas personas me hubiera gustado saber quienes eran, a dónde iban, a qué se dedicaban.
      Te diré que estuve en una boda donde los novios se conocieron en una parada de autobús. A fuerza de verse todos los días, al final surgió el amor. Nunca se sabe, quizás encuentres algún día a tu enamorada.
      Muchas gracias por tu comentario.

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  2. Este lo he leído, Sensi. A mí también me gustó mucho, lo recuerdo, lo poco que recuerdo porque por desgracia se me olvida lo que leo, como muy divertido. Y este autor tiene otro también del mismo estilo pero, gracias a mi portentosa memoria, no te puedo decir el título.

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  3. Bonita historia de la parejita que se conoció en la parada. He viajado mucho en el metro, es curioso como llegas a conocer a la gente sin hablar con ella. Siempre cogía el primer metro, si faltaba alguien en el anden ya lo echaba de menos, vamos hasta te preocupabas. Esas cosas las echo de menos. Un beso bonita

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    • Deberíamos hablar más. Pasamos mucho tiempo en los transportes públicos y ni siquiera intercambiamos una palabra con el de al lado. Yo a veces observo a la gente y en ocasiones pienso que sería interesante conocer a aquella persona o a aquella otra. Pero solo se queda en pensamientos, porque nunca llego a dar ese paso.
      Un beso.

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  4. Gracias por la recomendación y si, pienso lo mismo que tú en tu anterior comentario, también a veces lo pensaba, por qué no hablamos mas con la gente en el transporte público, ascensores…
    a veces lo haces y los demás responden sin mas, aplaudiendo a ese que empezó a hablar primero!

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    • Tienes razón. Imagino que el ascensor se presta un poco más por la proximidad de las personas aunque el trayecto es corto y como mucho hablas del tiempo. Yo creo que el autobús es el medio más propicio para conocer gente. No se por qué, en el metro todo el mundo va más tenso, desconfiado y ensimismado. En fin, pondremos de nuestra parte.
      Un beso.

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    • Cuánto me alegro de que te alegre!. Ahora estoy sufriendo porque llevo casi una semana sin tiempo para escribir. Para escribir se necesita tener la mente despejada y ahora mismo ando ocupada con la mente en otros asuntos, pero menos mal que es transitorio.
      Muchas gracias por tus palabras.

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