Primavera. Look-63. Flecos

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Me parece a mi que este blog se tendría que haber llamado “Los looks de Sensi”, porque últimamente no pongo otra cosa que modelitos.

He visto en otros blogs, que una fotografía inspira para contar una historia. A mi me pasa lo mismo pero con un posado. Puede que mi caso sea menos profundo, menos transcendental.

Este vestido me recuerda a la túnica de un monje, si lo miras de cintura para abajo. La caída que tiene, las sandalias de tiras, el color, todo te recuerda a un monje franciscano, pero sin capucha. Pues mira, ya he conseguido un poco de misticismo con este vestido.

Así que, en cuanto te pones el vestido, se abre un portal virtual y de repente apareces en una casa en lo ato de una montaña, rodeada de un paisaje rocoso, con un pequeño huerto delimitado por piedrecitas, donde cultivas tomates, lechugas y hortalizas. Está claro que es verano, porque en invierno lo único que veríamos sería la nieve cubriéndolo todo. Eres un monje que no se quita las sandalias ni en invierno. Sales a contemplar el amanecer o a recoger agua del pozo con tus sandalias y la misma túnica. Por Dios, que aunque todo este en mi imaginación, voy a coger una pulmonía y no voy a poder seguir con mis posados.

Volvamos al verano. El aire es fresco y solo se oye el silencio. Comemos a la sombra de un gran árbol que se encuentra a un lado de la casa. Y mira que está retirada la casa y solitaria, pero aún así divisamos a lo lejos a un viajero, que se aproxima por el sendero que va por la ladera de la montaña.

A dónde puñetas irá este viajero?. Aquí, en lo alto de la montaña no hay nada, ni nadie. Pues ya me ha picado la curiosidad, voy a tener que esperar a que llegue, ofrecerle un poco de caldo o una infusión de hierbas que cultivo en el huerto y a ver qué me cuenta.

¡Cómo tarda en llegar!. Vale que el sendero es pedregoso, empinado, peligroso, pero hace rato que lo vi en la lejanía y todavía no ha llegado. Espero que no me diga que se ha entretenido de charleta con algún vecino porque eso no se lo cree ni el tato. (¿Quién será este tato?, un hombre muy desconfiado, imagino).

Ay, ya está aquí. En cuanto lo veo aparecer le digo: “ya era hora, dónde estabas?, te has parado a charlar con una cabra montesa?, el caldo se ha quedado frío”.

El hombre me mira, anonadado, alucinado y no acierta a contestar.

Y yo, con el brazo en jarra, termino diciendo: “Sabes qué te digo, que si llego a saber que eras tan desagradecido, no te hago el caldo. Ala!, ya te estás marchando”. Y con las mismas, el viajero, sediento y cansado, se da media vuelta y regresa por donde había venido.

Y cuando lo veo ya en la parte más baja de la montaña me acuerdo de algo: “Ay, la leche, que no le he preguntado por qué había venido. Bueno, ya si eso, otro día”.

Y así transcurren los días en la casita de la montaña, entre pájaros, tomates y mucho tiempo para pensar.

Uffff, vaya viajecito, no se yo si me volveré a poner más veces este vestido. Me duele la cabeza de tanta reflexión. Espero que la próxima vez me lleve a una comunidad hippy que vive en Ibiza. Ya os contaré.

Vestido de zara, sandalias de mango, cinturón de mango y bolso de day&day.

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  1. Lo bueno de esos vestidos maxi es que no pasa nada si no te has depilado, claro que en la vida de ermitaña que vas a llevar en cuanto te lo pongas tampoco importa mucho llevar los pelos puestos, total para estar de charla con el hermano árbol…

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  2. Jajajajajajaja, ay que me troncho!!!!, genial Sensi, aquí en mi aburrido aposento delante del ordenador TODA LA TARDE (diciéndome:- bueno me voy a dar una vuelto, ahora, de que vea esto, ahora, de que vea lo otro- Y DE PRONTO DE NOCHE) ha sido el único momento estrella. Mira que pobre viajero, si me ha dado pena hasta mi, que se ha ido sin beber un poco de agua, jajaja.
    Me ha encantado esta reflexión franciscana, la verdad que el vestido te ha venido al pelo… ¡eh! que lo has dicho tú, jajaja.
    Besitos.

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    • Hija, es leer tu comentario y me alegras el día. Te imagino riendo a carcajadas y me encanta. Cuánto me alegro que te haya gustado!.
      El viajero se lo tenía merecido, por tardón. Qué le hubiera costado aligerar un poco el paso sabiendo que mi casa estaba en todo lo alto?. Menos arrastrar los pies y más brío, jajaja.

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