La electroestimulación muscular. ¿La tortura del s. XXI?.

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chaleco_electroestimulacionParece ser que están muy de moda los chalecos de electroestimulación muscular. Si no sabes lo que es no me extraña, yo tampoco lo sabía hasta hace dos días. En las instalaciones donde juego al papel, daban sesiones de prueba gratuitas y me animé a probar una.

Te ponen una especie de chaleco que te cubre el torso y los muslos. Está lleno de electrodos que el monitor moja con agua para que hagan más efecto. ¡Para que te electrocuten más, diría yo!. Desde luego la pinta del chaleco ya te echa para atrás. Es bastante aparatoso y no presagia nada bueno.

El monitor te ajusta bien el chaleco al cuerpo mediante unas cintas. Es un momento algo “señorita Escarlata”. Te tienes que agarrar para que al tirar de los cintos no te desestabilices. Y una vez que estás bien prieta empieza el asunto.

La postura de inicio ya es un cuadro. Hay que ponerse en semisentadilla, piernas flexionadas y los brazos como si fueras a pelear. El monitor te va avisando de que vas a ir sintiendo una sensación extraña. Realmente no es extraña, lo que pasa es que no es algo que uno mismo se haga si se quiere un poco. Sientes como cientos de agujas te picotean por todo el cuerpo, con su poquito de dolor añadido.

Ya me advirtió el torturador que la sesión sería de 15 minutos y entonces empiezo a pensar que quizás no fue buena idea meterme en este lío. Me entran escalofríos ahora mismo sólo de acordarme.

En fin, yo que soy muy sufridora y muy bien mandada, hago todo lo que me dice. Corro en el sitio, levanto los brazos, hago sentadillas, cosas básicas. En cada ejercicio le da intensidad a los músculos que entran en juego. Cuando hacía las sentadillas me preguntó que qué sentía y no le puede mentir. “¿Que qué siento?, ¡que me duele la mismísima vagina!”. ¿Pero cómo me llegaban los picotazos hasta ahí?. Por Dios, parecía que me estuvieran haciendo una citología. Por si alguien no lo sabe, es algo desagradable, doloroso y punto.

Pues ahí estaba yo, recibiendo una tortura de 15 minutos, que según me iba contando el monitor tenía muchos beneficios. Que hasta el mismísimo Ronaldo lo usaba. Este hombre se pensaba que para mi, eso era un dato crucial. La verdad es que me importa bien poco la gente que use este aparato infernal. Nunca he necesitado este tipo de información para que algo que parezca bueno. Como diría una madre: “si Ronaldo se tira de un puente tu también te tiras?”. Pues no.

A parte de la tortura, todo esto me llevó a otro tipo de reflexiones. Me imaginé en un mundo en el que para comer ingeríamos pastillas de sabores, pastillas con sabor a carne, pastillas con sabor a patatas. Que dormíamos en cápsulas y por las mañanas realizábamos este tipo de entrenamiento, como máquinas, sin relacionarnos, una vida insípida, insulsa, una pena de vida!.

Así que, aunque el monitor tenía mucha labia y me dijo que con el tiempo mi cuerpo no se sentiría extraño y que me encantaría, no lo visualicé. Yo también me sé un remedio casero para domar tu cuerpo. Si te pica mucho un granito, clávate la uña. Ya no te picará, solo te dolerá. Toma ya control humano!.

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  1. No había oído hablar de este invento, pero parece que no te gusto mucho. La verdad es que ya no saben que hacer para estimular lo que sea, que ganas de martirizar los músculos, bueno, tonificar, jajaja.
    Pero bueno por lo menos probaste algo nuevo.
    Besitos.

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